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Matisse, el mar y los recortables 

Henrí Matisse (1869 – 1954) es una de las figuras artísticas seminales en las primeras décadas del siglo XX. Llama la atención su capacidad de incursionar en diferentes estilos hasta encontrar el que le satisfizo plenamente: los recortables a los cuales les dedicó la última década de su vida.

El Museo de Arte de San Luis, en Missouri, presenta una exhibición inspirada en la pintura de Henri Matisse, Bañistas con una tortuga (1908), entre las piezas más apreciadas de la colección de dicho museo. La pieza fue rescatada de manos nazis –que en 1937 la habían removido del Museum Folkwan en Essen, catalogándola como “arte degenerado”– cuando estos la pusieron a la venta en 1939 en la galería Fischer, situada en Lucerna, Suiza. Tras debatir los puntos a favor y en contra de comprar arte cuya venta beneficiaría a los nazi, y motivado por el deseo de rescatar la obra, el coleccionista Joseph Pulitzer Jr. la adquirió. La pintura formó parte de su colección hasta 1964 cuando Pulitzer y su primera esposa, Louise Vauclain Pulitzer, la regalaron al Museo de Arte de Saint Louis. 

En busca del medio idóneo 

La relación de Matisse y el mar se explora en la exhibición en ese museo –que puede visitarse hasta el 12 de mayo– y se desprende de esa pintura que ha inspirado a la institución. Para lograrlo el museo presenta 75 piezas, entre ellas algunas de las esculturas africanas propiedad del pintor, las cuales evidentemente le influyeron pictóricamente. También pueden verse obras de la Fundación Beyeler, diferentes museos y colecciones privadas. La exhibición está segmentada en siete componentes: 

De Bretaña a la costa del Mediterráneo: los años tempranos

Los visitantes pueden observar la importancia de los temas marinos desde los años de experimentación fauvista, a finales del siglo 19 y comienzos del 20.

Collioure: una constelación de influencias

Aquí la muestra se centra en años en Collioure, pueblo situado al sur de Francia, colindante a España, cuya luz natural y paisaje lo conectaba a la topografía de Algeria, país que había visitado en 1906. Fue una etapa de gran importancia para el desarrollo de Matisse porque allí se vinculó más al fauvismo. Entre las obras de otros artistas incluido en esta sección destacan Paul Gauguin, Aristide Maillol y André Derain.

Bañistas con una tortuga: una fusión de tradiciones europeas y africanas

Entre las piezas que más influyeron a Matisse en la series de “bañistas” destaca Tres bañistas, de Paul Cezanne; también esculturas africanas procedentes de Guinea y el Congo. La exhibición incluye bocetos de la misma temática.

Niza y la costa del Mediterráneo: los 1920

Niza y la Riviera Francesa fueron fuentes de inspiración durante los años 20, evidente en piezas como Mujer sentada con la espalda hacia la ventana abierta, que data de 1922. En ella se observa la fascinación que le causaban los colores cambiantes del mar, así como su interés encaminado hacia la abstracción y simpleza.

Polinesia francesa I y II

En 1930, Matisse marcha a la polinesia francesa dónde se instala durante 3 meses: una etapa de recuperación energética que 15 años más tarde inspiró el libro “Jazz”, con 3 diseños de la serie Lagunas centradas en los recortables. La exhibición incluye algunas obras impresas y objetos polinesios que le inspiraron. 

Los recortables (paper cut-outs) tardíos
La sección final de la exhibición está dedicada al capítulo final de la vida de Matisse. Los recortables le ocuparon todo el tiempo en la última década de su vida durante la cual dejó atrás pinceles y óleos, así como el uso tradicional de los lienzos; en su lugar se concentró en el papel y las tijeras, lo que él llamaba “pintar con tijeras”.

Con estos elementos creó un singular universo artístico, reflejo de su enorme creatividad, presente hasta el final de sus días. Él recortaba hojas de papel pintadas con aguada en diversas formas y tamaños, con ellos formaba composiciones variadas. Este sección incluye el Desnudo Azul I, procedente de la colección de la Fundación Beyeler, una pieza seminal de la serie icónica de esta eta- pa. En ella se observan la pasión por el mar que expresa en el azul marino, así como el tema de los bañistas.

La fértil imaginación de Matisse lo llevó a redefinir el uso de la forma y el color creando un ambiente nuevo y una forma diferente de ver el arte. Aunque comenzó con piezas de tamaño modesto, estas fueron aumentando en formato hasta la creación de obras como los vitrales que adornan la Capilla del Rosario, en el poblado de Vence, situado en el sur de Francia. Allí vivió cuando en 1943 se marchó de Niza por las amenazas de los bombardeos nazis, y entabló amistad con una comunidad de monjas dominicas quienes en 1947 comenzaron la construcción de una capilla. Primero le pidieron que él diseñara los vitrales y después de la capilla: aunque ya estaba enfermo, hacerlo le llevó hasta 1951 cuando se inauguró. Durante ese proceso su apartamento estaba cubierto de recortables referentes a la capilla.

En ocasión de la inauguración le escribió a Monseñor Rémond, obispo de Niza: “Comencé con lo profano y, por supuesto, ahora en el ocaso de mi vida termino con lo divino”. Posiblemente, los recortables contribuyeron en el camino hacia lo divino.

Para ilustrar la importancia del mar en la obra de Matisse el museo ha seleccionado piezas en diferentes medios: pintura cerámica textiles y recortables

One Fine Arts Drive
Forest Park
St. Louis, Missouri 63110
Martes – Domingo 10:00 a.m.– 5 :00 p.m. Viernes 10:00 a.m.– 9 :00 p.m.
Cerrado los lunes
Para más información visita este sitio web

Capilla del Rosario
466 Avenue Henri Matisse
06140 Vence, Francia
Recomendable hacer reservaciones porque los horarios cambian con frecuencia. Visita este sitio web para más información.

Fotos: Museo de Arte de Saint Louis

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