La obra de Wifredo Lam: poesía en movimiento

Vista de la exhibición montada

El movimiento es una constante en los cartones y telas poblados por figuras estilizadas que guardan características físicas y espirituales con entidades procedentes de la Regla de Osha, también conocida como Lucumí y Santería, religión animista afrocubana producto del sincretismo de las creencias yorubas con componentes católicos. Estableciendo un puente entre las características de orishas y santos, los esclavos pudieron practicar su religión yoruba sin ser castigados demasiado. También es evidente el amor de Wifredo Lam por la poesía y la literatura.

When I Don’t Sleep, I Dream (Cuando no duermo, sueño) en el MoMA, puede visitarse hasta el 11 de abril. La primera exhibición panorámica de Lam en los Estados Unidos comprende de 130 obras, un abanico que recoge su trabajo desde la década de 1920 a la de 1970.

Wifredo Lam nació en 1902, en la ciudad de Sagua la Grande, al norte de la entonces provincia de Las Villas. Dotado con una ascendencia rica y compleja: Enrique Lam, su padre, era un emigrante chino y Ana Serafina Castilla, su madre, era cubana descendiente de africana y español, y practicante de la religión yoruba. Como en muchas otras casas católicas, celebrar tradiciones africanas no quedaba excluido. Paralelamente, junto a la madrina –guía y mentora de los adeptos en la religión yoruba– tuvo acceso a ritos que le impactaron a lo largo de su vida; esa influencia así como la de la escritora y etnografa Lydia Cabrera se refleja ampliamente en su obra donde las deidades afrocubanas están más que presentes en los dibujos y pinturas, cerámicas y escultura, desde Eleguá y Shangó hasta Yemayá y Oshún.

Al igual que encontramos elementos representativos de colonizadores y colonizados, temática recurrente en su obra. De hecho, en una ocasión dijo que su obra constituía un «acto de descolonización». Los padres lo apoyaron cuando abandonó el estudio de derecho para matricularse en una escuela de arte en La Habana, adonde se mudó en 1916 para aprender a pintar. Por varios años lo instruyeron en estilos tradicionales: retratos, paisajes y bodegones, hasta que, en 1923, recibió una beca para estudiar pintura en España, país por el que llegó a sentir gran afecto.

Durante los primeros años en Madrid. se mantuvo encasillado en la pintura académica con un par de excepciones: en una pieza de aire fauvista titulada Sol (1923) encontramos una figura de género ambiguo, piel oscura y rasgos asiáticos, envuelta en una especie de kimono floreado. Pintó La guerra civil (1937), para entonces formaba parte del ejército republicano al que se unió tras la muerte, a causa de tuberculosis, de su esposa e hijo de un año. El gouache predominantemente en azul y negro, refleja una escena de horror perpetrado por las fuerzas fascistas contra un grupo de españoles. Al año siguiente se marchó a París donde Picasso le recibió, y encontró el abrazo de poetas y pintores surrealistas cuyo impacto es inmediatamente evidente. Madre e hijo (1939), es una Pietá estilo cubista que le vende al Museo de Arte Moderno (MoMA).

La guerra llegó a Francia y los alemanes se posesionaron de París, cuya comunidad artística huyó al sur. No sin antes fotografiar toda su producción, Lam lo empacó todo y dejó en manos de Picasso, con quien mantuvo una estrecha amistad. En Marsella se unió a un grupo de artistas, algunos formaron parte de los que abordaron el Capitán Paul Lemerle, que el 24 de marzo de 1941 zarpó de Marsella con destino a Martinica. Entre los pasajeros estaba André Breton escritor, poeta y figura seminal en el movimiento surrealista con quien mantuvo una amistad que también produjo colaboraciones, entre ellas los dibujos para el poemario de Breton, Fata Morgana (1941).

Al llegar a Martinica, se detuvo en su regreso a Cuba y allí se encontró a Aimé Cesaire, el padre del movimiento Negritud. Ese encuentro resultó en un intercambio intelectual y artístico. Ambos colaboraron en diversos proyectos: Lam ilustró la edición de Cahiers d’un retour au pays natal y, en 1982, juntos publicaron el portafolio Anunciación con grabados de Lam y poemas de Cesaire.

El regreso a Cuba, en 1941, le significó un reencuentro con la realidad de la cual se había distanciado durante los quince años que estuvo en Europa. Revivió «todos los dramas de mi familia, todos los dramas de mi juventud, ¡todas las imágenes de la actividad colonial!». También le representó un gran impulso creativo, quizás su mejor década en la que produjo obras importantes; la más conocida entre ellas, La jungla (1942-43). La jungla, pintada en papel de estraza, con pintura de óleo diluida para lograr las líneas que deseaba. Cuatro figuras enmascaradas emergen de una jungla sui generis. Su fisionomía no responde ni a la humana, ni animal: ¿una representación de la esencia del espíritu afrocubano?

La jungla es un lugar sagrado y mágico. No es coincidencia que Lam titulara esa pintura de ese manera, ni que el primer estudio etnográfico sobre la cultura afrocubana escrito por Lydia Cabrera se titulara El monte. Ese libro sitúa a la cultura afrocubana en el lugar merecido. Meticulosamente documentado, El monte fue escrito con el amor y respeto que merecían sus fuentes, quienes comprendían el espíritu cimarrón de la población negra y mestiza de la isla. A Lam y a Cabrera les unió una buena amistad.

Durante sus años en Cuba exploró aspectos de la cultura y religión afrocubanas que podemos ver en piezas como Obo Obini, Mofumbe y Ogue Orisa pintadas en 1943. La impactante Grande Composition (1949) marca su regreso a pintar en papel de estraza y un cambio en la paleta. Y anticipa la abstracción de los años 50. Su mural Abstracción (1955) fue instalado en el Edificio del Seguro Medico en el Vedado, Cuba

No viajó nuevamente al Caribe tras su regreso a Europa en 1952. Allí vivió, primero en París y más tarde en Italia, antes de regresar a París. Se casó en 1960 con la pintora sueca Lou Laurin, la pareja tuvo tres hijos: Eskil, Timour y Jonas. Falleció en septiembre de 1982, contaba 80 años, Wifredo Lam dejó un intensamente poético y espiritual legado cultural.

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Fotos cortesía del Museum of Modern Art Moma

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