
La regresión, una práctica que ha despertado interés y controversia en la psicoterapia, se plantea como una herramienta para explorar recuerdos profundos que podrían influir en el estado emocional y comportamental del presente. Aunque su efectividad es ampliamente debatida, especialmente frente a terapias basadas en evidencia como la terapia cognitivo-conductual, la regresión atrae a aquellos que buscan respuestas en lugares donde los enfoques tradicionales parecen no llegar. ¿Podrían recuerdos ocultos o experiencias simbólicas de nuestro pasado —o quizás de una vida anterior— influir en nuestro bienestar actual?
Con esta pregunta en mente, decidí profundizar en el tema y me dirigí a la oficina del renombrado Dr. Brian Weiss. El doctor es un destacado psiquiatra estadounidense, ampliamente reconocido por su trabajo en regresiones a vidas pasadas y sanación espiritual. Pionero en la difusión de esta práctica, su libro Muchas vidas, muchos sabios explora cómo los recuerdos de vidas anteriores pueden influir en nuestro bienestar emocional en el presente. Además de su trayectoria como psicoterapeuta, el Dr. Weiss es presidente emérito de psiquiatría del Mount Sinai Medical Center en Miami Beach y, a lo largo de su carrera, ha realizado miles de regresiones convencido de que esta técnica puede aportar sanación a muchas personas.
Antes de continuar, es importante señalar que las entrevistas y experiencias que relato aquí fueron originalmente escritas en enero de 2003 para Glamour en español, la publicación en la que trabajaba en ese momento. Sin embargo, debido a la controversia del tema, el artículo nunca vio la luz. He tenido que esperar más de 20 años y fundar mi propia publicación para compartir esta experiencia.
En aquel entonces, el Dr. Weiss tenía su oficina en el suroeste de Miami y, a pesar de que ya no aceptaba nuevos pacientes, generosamente aceptó reunirse conmigo. Así tuve la fortuna de recibir una visión privilegiada de su trabajo en el fascinante campo de la regresión y la sanación espiritual.
La reunión con este maestro fue en persona —afortunadamente Zoom aún no existía— y para mí fue un verdadero honor y una experiencia fascinante entrevistarlo.
Durante la conversación me explicó que muchos de sus pacientes acuden a la regresión después de probar otros métodos terapéuticos sin éxito, y algunos descubren que sus síntomas tienen origen en vidas pasadas. Para él, la regresión es una herramienta que puede brindar alivio, incluso a personas que no creen en la reencarnación. «Utilizo la hipnosis para alcanzar la concentración profunda necesaria para la regresión. Este estado es tan natural como cuando nos concentramos al ver televisión o manejar. En una regresión, no recordarás nada que no necesites recordar; el subconsciente se encarga de proteger al paciente y solo permite el acceso a lo que es beneficioso. Incluso, el proceso puede detenerse en cualquier momento si el paciente decide abrir los ojos», me aseguró.
Para el Dr. Weiss, la regresión puede tener un profundo impacto en la vida de las personas, ayudándolas a desarrollar una mayor paz interior y empatía hacia los demás. «La práctica de la regresión no solo permite acceder a recuerdos pasados, sino que también abre la puerta a una transformación personal profunda», comentó. «Al confrontar traumas o experiencias de vidas anteriores, muchas personas logran liberarse de temores, ansiedades y patrones negativos que afectaban su bienestar actual». Según él, este proceso puede promover una evolución espiritual haciendo que las personas se vuelvan menos reactivas, más compasivas y receptivas a las experiencias de los demás. «Es una herramienta que ayuda a muchas personas a encontrar una felicidad auténtica y duradera en sus vidas, un cambio que no es superficial, sino espiritual y profundo», afirma con convicción.
La regresión a vidas pasadas es una técnica que invita a explorar los confines del subconsciente en busca de experiencias que podrían estar moldeando nuestro presente. Es un viaje que invita a descubrir y reflexionar sobre quiénes somos hoy.

El principal aprendizaje de mi entrevista fue revelador. Me sugirió que no podía escribir sobre el tema sin antes haberlo experimentado en carne propia. Sin necesidad de mucha persuasión, me convenció de probarlo y me recomendó a una de sus discípulas, la Dra. Magda Constanzo, una psicóloga especializada y con amplia experiencia en regresiones. Ahora, mientras investigo para escribir este artículo, 21 años después, descubrí que la Dra. Constanzo falleció en 2011, lo cual me llena de nostalgia, pues lamento que no pueda formar parte de este relato que ella misma ayudó a construir.
La reunión con la doctora fue intensa. Desde el momento en que crucé el umbral de su oficina tuve la sensación de adentrarme, al estilo de Alicia en el País de las Maravillas, en un túnel profundo y desconocido sin un camino claro de regreso. La Dra. Constanzo, con una calma reconfortante, me explicó en detalle el proceso, ajustó la iluminación para crear una atmósfera serena, puso una música suave que invitaba a la introspección y, en ese entorno cuidadosamente preparado, dio inicio a la sesión.
Al principio de la regresión me invadieron pensamientos contradictorios: ¿y si no veo nada?, ¿qué pasará si no logro relajarme completamente? Sin embargo, decidí seguir sus instrucciones y, poco a poco, me sumergí en un estado de relajación profunda. Visualicé un bosque tranquilo, con una brisa ligera acariciando mi rostro. Luego, imaginé una escalera que, en mi mente, parecía oscura y descendía hacia un sótano.
Lo que sucedió fue asombroso. Visualicé escenas de vidas pasadas reviviendo emociones intensas. Me vi en el 5 de enero de 1827, con el sol bajando en el horizonte, vestida con una falda azul amplia y pesadas sayuelas. Frente a mí, la entrada de una imponente ciudad prometía fortuna y esperanza. Conseguí trabajo en una cantina donde el olor acre de la cerveza y el bullicio me incomodaban. Poco después, conocí a un hombre que me propuso viajar juntos hacia tierras nuevas. Recuerdo nuestra partida: lágrimas y despedidas a bordo de un barco lleno de baúles y provisiones. Finalmente, llegamos a nuestro destino y, con esfuerzo, abrimos un negocio en la planta baja de nuestra casa, un lugar al que acudían también hombres a beber. Una vez más, el olor a cerveza y el bullicio invadían mi espacio despertando la misma inconformidad. A pesar de la estabilidad lograda, nunca me sentí plenamente realizada. Un día, mirando el mar desde un gran ventanal, sentí cómo mi último aliento me abandonaba.
Durante las dos sesiones que realizamos, «reviví” varias vidas: fui una joven rebelde y violenta, un leñador que perdió a su hermanito, y una niña que murió ahogada en un río congelado. Cada vez que «recordaba” una de estas vidas y relataba mi experiencia, las emociones asociadas emergían con una intensidad sorprendente. Al «morir” en cada vida, reflexionaba sobre lo aprendido y al abrir los ojos, encontraba la tranquila y casi acostumbrada expresión de la doctora observándome. Aquella serenidad en su rostro me brindaba una paz inesperada, un ancla de calma en medio del caos emocional que estaba viviendo, permitiéndome continuar con este viaje inesperado hacia las profundidades de mi mente. En ese entonces mi experiencia me dejó más preguntas que respuestas y sobre todo, con una sensación de asombro por la vastedad y el misterio de la mente humana. ¿Fueron estas escenas auténticos recuerdos de vidas pasadas?, ¿o tal vez fueron manifestaciones de mi inconsciente, ecos de emociones guardadas en un rincón profundo de mi ser? No puedo saberlo con certeza, y tal vez nunca lo sabré.
Considero que lo más importante no es si estas experiencias fueron «reales” en el sentido literal, sino el impacto que tuvieron en mí. Aprendí lecciones valiosas sobre cómo valorar y enfrentar mi vida actual, sobre la importancia de soltar viejos patrones y conectar con una parte más profunda de mí misma. Si algo he descubierto en este viaje es que, a veces, nuestro pasado —real o simbólico— puede iluminar nuestro presente de maneras inesperadas.
Así que querido lector, te invito a que, si alguna vez sientes curiosidad o buscas respuestas más allá de lo evidente, explores esta experiencia por ti mismo. Tal vez, como yo, encuentres en la regresión un espejo que te permita ver facetas ocultas de tu ser o simplemente descubras un nuevo camino de autoconocimiento. Después de todo, en este viaje de la vida, las respuestas a veces se encuentran en los lugares más inesperados.


