
El verano es el momento ideal para viajar en familia. Los días soleados y las cálidas noches crean el escenario perfecto para explorar nuevos destinos y vivir aventuras inolvidables junto a los seres queridos. Es la oportunidad perfecta para tomarse una pausa de nuestra agitada vida cotidiana, disfrutar en plenitud de la buena comida, y deleitarse con el glamour y la belleza de nuevos paisajes. Este año, nuestra familia decidió embarcarse en una travesía épica, desde la histórica Roma hasta las deslumbrantes costas del Mediterráneo. A lo largo de nuestro viaje, cada día se llenó de descubrimientos culturales, aventuras gastronómicas únicas y momentos de conexión y diversión que atesoraremos para siempre.
Esta experiencia veraniega fue verdaderamente extraordinaria. No solo nos permitió explorar fascinantes destinos, sino que también sirvió como el inicio emocionante de un proyecto que estaremos lanzando próximamente bajo el sello #YOsoyS, donde ofreceremos experiencias de viaje exclusivas a nuestros fieles lectores. Cada lugar visitado, desde los majestuosos monumentos de Roma hasta las pintorescas costas del Mediterráneo, y cada actividad realizada, como las inolvidables cenas y los momentos de relajación en el mar, se convirtieron en recuerdos imborrables de un verano perfecto.
Nuestra emocionante aventura comenzó en Roma, conocida como la ciudad de los ecos, las ilusiones y los anhelos, según Giotto di Bondone. Durante tres días, nos sumergimos en las maravillas incomparables que esta ciudad eterna tiene para ofrecer. Desde la grandeza imponente del Coliseo hasta la serenidad espiritual del Vaticano, cada momento fue una vivencia enriquecedora y llena de historia.
Nos hospedamos en el encantador Bettoja Hotel Mediterraneo, estratégicamente ubicado en la céntrica Via Cavour, a pasos de la estación Termini y de las principales atracciones turísticas de Roma. Este hotel no solo es un símbolo de la elegancia Art Déco, sino también un monumento de valor histórico y arquitectónico protegido por el Ministerio de Bienes Culturales de Italia. Al ingresar a su majestuoso vestíbulo, nos transportamos a la década de 1940, rodeados de salones lujosamente decorados con lámparas diseñadas por Giò Ponti, mosaicos meticulosamente elaborados y bustos de mármol antiguo que adornan cada esquina. Cada detalle del hotel está impregnado con el tema del mar, en homenaje a su nombre, Mediterraneo.

El encantador Bettoja Hotel Mediterraneo en Roma no solo es un símbolo de la elegancia Art Déco, sino también un monumento de valor arquitectónico

Nuestra estancia en una acogedora habitación Premium fue una delicia, equipada con todas las comodidades modernas como suelos de parquet, elegantes muebles de madera, ventanas insonorizadas, WiFi de alta velocidad, televisión, minibar y mucho más. Las camas súper cómodas y las amplias habitaciones ofrecieron el confort perfecto después de largos días explorando los tesoros de esta majestuosa ciudad.
Desde nuestra ventana, disfrutamos de vistas espectaculares que se extendían hasta el horizonte, una experiencia que nos dejó maravillados desde el momento en que llegamos. Uno de los lugares que más nos emocionó fue la terraza del Ligea Lounge Bar en el décimo piso del hotel. Esta terraza ofrece vistas impresionantes de la ciudad y sus colinas circundantes. Es un lugar mágico donde disfrutamos de deliciosos cócteles, música ambiental y vistas inigualables de la Ciudad Eterna. Desde el Ligea Lounge Bar, pudimos admirar algunas de las maravillas más emblemáticas de Roma, como la cúpula de San Pedro, el Foro Romano, el Quirinale y el Coliseo, así como disfrutar de los atardeceres más románticos.
Usando el Bettoja Hotel Mediterraneo como nuestra base de operaciones, nos lanzamos a explorar la ciudad y el imponente Coliseo fue nuestra primera parada. Esta maravilla arquitectónica, testimonio de la grandeza de la antigua Roma, nos dejó sin palabras una vez más. No importa cuántas veces visites este monumento, siempre te transporta en el tiempo y te sumerge en la grandiosidad de la historia. Recorrimos sus antiguos pasillos, imaginando las épicas batallas de gladiadores que tuvieron lugar hace siglos. Cada piedra del Coliseo nos recuerda la emoción y el drama de su época dorada. Después de absorber la energía del Coliseo, nos dirigimos al Foro Romano, donde paseamos entre las majestuosas ruinas de templos y edificios históricos. Sentimos la vibración de la vida romana antigua bajo nuestros pies, conectándonos con el pasado glorioso de esta ciudad eterna.



Otro inolvidable momento fue el tour privado «La Dolce Vita» de Maximus Tours el cual nos permitió disfrutar de una experiencia personalizada y exclusiva. Nuestro guía demostró un profundo conocimiento de la cultura de Roma, haciendo que cada parada fuera aún más fascinante. Desde el imponente Monumento a Vittorio Emanuele II hasta las pintorescas calles empedradas repletas de cafés al aire libre, cada instante fue una aventura llena de descubrimientos. Visitamos el Panteón, donde quedamos maravillados por su cúpula esférica y la tumba del gran artista renacentista Rafael. En la Piazza Navona, exploramos las obras maestras de Bernini y el encanto de la Fontana dei Quattro Fiumi. La Fontana di Trevi nos cautivó con su belleza y la tradición de lanzar una moneda para asegurar un pronto regreso a esta ciudad eterna. Los escalones de la Plaza de España, completaron este recorrido lleno de emoción.
Y no podía faltar nuestra visita al Vaticano, un lugar que siempre nos emociona cada vez que regresamos. La majestuosidad de la Basílica de San Pedro nos dejó absolutamente maravillados, con su imponente arquitectura y su atmósfera sagrada que trasciende el tiempo. Pero fue en la Capilla Sixtina donde vivimos una experiencia verdaderamente espiritual y artística. Los impresionantes frescos de Miguel Ángel nos dejaron sin palabras, sumergiéndonos una vez más en un mundo de belleza y significado histórico profundo. Cada rincón del Vaticano respira arte, y pasar un día allí es como realizar un viaje en el tiempo que nos enriquece culturalmente y espiritualmente.
Con estos recuerdos impregnados en nuestro corazón, nos despedimos del Bettoja Hotel Mediterraneo con gratitud, listos para embarcarnos en nuestra siguiente aventura: un espléndido viaje en crucero.
A bordo del Odyssey of the Seas
Desde el momento en que abordamos el majestuoso Royal Caribbean Odyssey of the Seas en el puerto de Civitavecchia, fuimos recibidos con una calidez y atención excepcionales. Este crucero nos prometía una semana de aventuras y descubrimientos en algunas de las islas y ciudades más hermosas del Mediterráneo.
Nuestra suite con balcón fue un refugio de lujo, con amplias instalaciones que ofrecen un nivel de comodidad incomparable. Los camareros de nuestra habitación fueron simplemente increíbles: amables, serviciales y siempre atentos a nuestros deseos. Todo estaba impecable, y el proceso de embarque fue tan fluido y eficiente que en menos de media hora ya estábamos a bordo, listos para zarpar.
El comedor principal del Odyssey of the Seas fue una experiencia gastronómica magnifica, con un personal de primera categoría que se esmeraba en cada detalle. A su vez, las opciones de restaurantes especializados elevaron la experiencia culinaria a otro nivel, ofreciendo platos y ambientes que superaron todas nuestras expectativas.
La música en vivo a bordo fue un verdadero deleite. La banda en el Music Hall siempre estuvo en su mejor momento, llenando el ambiente de energía y entusiasmo. Boleros, el lounge latino del barco, también se convirtió en uno de nuestros lugares favoritos, con su ambiente vibrante y lleno de ritmo constante.

El majestuoso Royal Caribbean Oasis of the Seas combina lujo, entretenimiento de clase mundial y paisajes impresionantes que cautivan a cada pasajero a bordo

Santorini: una aventura en el paraíso
Nuestra primera parada fue Santorini, una joya en el mar Egeo que nos dejó maravillados desde el primer momento. Nuestro barco atracó en Fira, donde tomamos el teleférico para ascender hasta la cima. Aprovechamos la oportunidad para almorzar en uno de sus encantadores restaurantes con vista al mar, deleitándonos con la exquisita gastronomía local mientras admirábamos el paisaje que se desplegaba ante nosotros.
Decidimos embarcarnos en una aventura y tomar un transporte privado hacia la encantadora ciudad de Oia, conocida mundialmente por sus impresionantes vistas, edificios encalados y aguas azules cristalinas. Cada rincón de Oia parecía sacado de una postal, y no pudimos resistirnos a capturar innumerables fotos para inmortalizar esos momentos.
Pasear por sus estrechas calles empedradas, explorar las pintorescas tiendas y disfrutar de una comida local con vistas al mar fue una experiencia inolvidable. Nos maravillamos con las emblemáticas cúpulas azules y las casas blancas que contrastaban con el profundo azul del mar Egeo. Al caer la tarde, nos encontramos con uno de los atardeceres más espectaculares que jamás hayamos visto, donde el cielo se teñía de tonos dorados y rosados, ofreciendo un espectáculo natural que nos dejó sin aliento.
Santorini no solo cumplió con nuestras expectativas, sino que las superó, ofreciéndonos momentos de tranquilidad y belleza que quedaron grabados en nuestra memoria para siempre.

Mykonos y sus delicias culinarias
Al día siguiente, visitamos Mykonos, una isla conocida por su vibrante vida social y sus hermosas playas. Mykonos es una mezcla única de Ibiza, Cancún, Miami y Barcelona, fusionando lo mejor de cada uno en un solo lugar. La ciudad vieja, con sus estrechas calles, está completamente decorada en blanco con ventanas y puertas azules, creando un paraíso visual. Durante el día, las calles están llenas de tiendas de regalos, acogedoras cafeterías nacionales y encantadores restaurantes. Además de su vibrante vida social, ofrece una variedad de lugares y actividades para explorar: los icónicos molinos de viento, el casco antiguo, museos, monumentos históricos, y los famosos pelícanos que se han convertido en las mascotas no oficiales de la isla.
Las playas de Mykonos, con sus arenas doradas y aguas turquesas, nos brindaron el refugio perfecto para relajarnos y disfrutar del sol. Pasamos horas tumbados en la arena, dejándonos envolver por la serenidad del entorno y el suave murmullo del mar.
Una de las experiencias más memorables fue nuestra cena en un pequeño restaurante junto al mar. El servicio fue impecable; nos trajeron una selección de pescados recién capturados para que eligiéramos cuál queríamos para la cena. Aunque he nacido y vivido siempre rodeada de mar, debo confesar que el manjar que nos sirvieron fue uno de los más deliciosos que he probado en mi vida. Disfrutamos de una tarde excepcional, deleitándonos con la frescura de los ingredientes y la maestría de la cocina local, mientras contemplábamos el atardecer que pintaba el cielo con tonos cálidos.

Nuestro itinerario por el Mediterráneo nos llevó a explorar varias ciudades emblemáticas y llenas de historia


Kusadasi: un viaje al pasado
Al día siguiente llegamos a nuestro tercer destino: Kusadasi, en la costa de Turquía. Este lugar se convirtió rápidamente en uno de nuestros favoritos. Comenzamos nuestra jornada visitando la Casa de la Virgen María, un santuario que irradia serenidad y espiritualidad. Este sitio, venerado tanto por cristianos como por musulmanes, nos brindó un momento de reflexión y paz en medio de nuestro viaje.
Posteriormente, nos dirigimos a las antiguas ruinas de Éfeso, una de las ciudades más grandes y mejor conservadas del mundo antiguo. Cada piedra, cada columna, y cada estructura monumental cuentan historias de una civilización próspera y avanzada. Caminamos por las calles adoquinadas, imaginando la vida en la antigüedad mientras admirábamos el esplendor arquitectónico del Gran Teatro y la majestuosidad de la Biblioteca de Celso.
La magnitud y el estado de conservación de Éfeso nos dejaron asombrados. Fuimos testigos de la grandeza de la ciudad, que en su apogeo fue un centro crucial de comercio, cultura y religión. Recorrer este sitio arqueológico fue como viajar en el tiempo, transportándonos a una época en la que Éfeso brillaba como una joya del Imperio Romano.
Después de nuestra exploración, disfrutamos de un almuerzo tradicional turco en un restaurante local, donde saboreamos exquisitos platos de la cocina otomana. La hospitalidad turca y la riqueza cultural de Kusadasi hicieron de esta parada una experiencia inolvidable.

La visita a Kusadasi en Turquía nos dejó maravillados con su rica cultura, paisajes impresionantes y hospitalidad única, haciendo de este destino un punto destacado de nuestro viaje

Visitando Nápoles y Pompeya
Explorar Nápoles y Pompeya en nuestra última parada fue como retroceder en el tiempo. La belleza inquietante de la ciudad preservada de Pompeya es un espectáculo que no se puede perder. Caminamos por las antiguas calles, maravillándonos ante la increíble preservación de casas, tiendas y edificios públicos, congelados en el tiempo por la erupción del Vesubio. Cada esquina de Pompeya nos sorprendió, desde los frescos vívidos en las paredes hasta las huellas de los habitantes en las calles empedradas. La sensación de estar caminando por una ciudad que permaneció intacta durante siglos es simplemente sobrecogedora.
La atmósfera de Nápoles, con su vibrante energía, nos envolvió por completo. Visitamos monumentos emblemáticos, como el Castel dell’Ovo y la Piazza del Plebiscito, y disfrutamos de la animada vida de sus calles. Nápoles es una ciudad de contrastes, donde la majestuosidad de sus palacios y la autenticidad de sus barrios populares coexisten en perfecta armonía. La ciudad bulle con una mezcla de tradición y modernidad que la hace única y fascinante.


Y, por supuesto, no podíamos dejar de probar la auténtica pizza napolitana, famosa en todo el mundo. Nos dirigimos a una pizzería histórica donde saboreamos una pizza Margherita que superó todas nuestras expectativas. La combinación de la masa crujiente, la salsa de tomate fresca y la mozzarella derretida fue una delicia que puso el broche de oro a nuestro crucero por el Mediterráneo. Cada bocado nos recordaba por qué Nápoles es considerada la cuna de la pizza.
Nuestro viaje desde Roma hasta las costas del Mediterráneo fue una experiencia que atesoraremos para siempre, llena de descubrimientos históricos, paisajes impresionantes y delicias culinarias. Este crucero no solo nos ofreció aventuras y exploraciones, sino que también nos permitió conectar nos profundamente con la esencia de cada lugar visitado, dejándonos con recuerdos imborrables y el deseo de volver a explorar más de este increíble rincón del mundo.


