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Altruismo, como puente a un mundo mejor

Acuñado en 1851 por el filósofo francés Auguste Comte como un término que expresa la preocupación por el bienestar de los otros sin interés propio. El concepto es debatido por filósofos y biólogos: ¿es un actividad innata en el ser humano?

Aunque se continúan exponiendo diversas posiciones, existe una coincidencia entre las observaciones de Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama y las del desaparecido obispo de la iglesia Anglicana, Desmond Tutu. “La felicidad verdadera”, dice SS el Dalai Lama, “es el resultado de sentir paz y satisfacción interior, lo cual debe lograrse mediante la práctica del altruismo, el amor y la compasión, y la eliminación de la ira, el egoísmo y la avaricia”. La compasión es antídoto a la furia y conductora a la felicidad.

Filósofos y biólogos debaten el concepto del altruismo: ¿es un actividad innata o aprendida en el ser humano? Compartimos algunas ideas de por qué consideramos que contribuye a la felicidad y cómo practicarlo, tanto en el plano personal como colectivo, en lo privado como público

Llegar a ese estado de equilibrio exige una disposición por lograrlo y un ejercicio metódico en las maneras de proceder: es una práctica constante que va aumentando con el tiempo y el ejercicio. Tal como explica el líder espiritual del pueblo y los budistas tibetano –conocido no solo por su espiritualidad sino por el sentido del humor y la franca sonrisa–, no es suficiente el reconocer la importancia de que exista la armonía, sino que es necesario cultivar la semilla de la compasión para que pueda brotar y crecer; de tal manera que las cualidades positivas tales como la tolerancia y el perdón se amplifiquen.

Él explica: “La mente compasiva es como un elixir capaz de transformar situaciones negativas en beneficiosas”. Porque si bien la compasión es suave, su energía es poderosa. No olvides que la compasión no es un sentimiento espontáneo sino está cimentada en la razón, en un compromiso que hemos hecho para actuar de esa forma. Es lo opuesto a la ira, cuyo efecto eclipsa el raciocinio. Cuando actuamos impulsados por la furia, la claridad mental queda ofuscada.

El miedo y la ignorancia, la ira y el odio conspiran en detrimento del altruismo; son sentimientos que generan fuertes energías. Lo vemos en los conflictos que emergen tanto en el mundo empresarial como el político. El decir que la compasión, la razón y la paciencia son positivos no produce los cambios necesarios; es esencial practicarlos. ¿En qué circunstancias? No solo cuando estamos rodeados de personas afines, es especialmente efectivo en las circunstancias cuando enfrentamos situaciones que provocan reacciones contrarias.

Es entonces que debemos apelar a la razón, la paciencia y la compasión para mantener el control. Lo cual no implica dejar de expresar nuestras ideas, sino hacerlo con respeto y mesura. El obispo anglicano Desmond Tutu –quien armado de convicción, compasión, energía altruista y una abierta sonrisa, luchó con denuedo por el fin del apartheid en África del Sur– no veía la compasión simplemente como un sentimiento sino un llamado al cambio: “La gente piensa con frecuencia que la compasión y el amor son sentimentales. ¡No! Son muy exigentes. Si vas a ser compasivo, prepárate para actuar”. Él actuó con la energía necesaria para lograr el cambio necesario, pero lo hizo impulsado por el amor, el respeto y la tolerancia.

¿Podemos aprender a ser felices mediante el altruismo? Diversos estudios reflejan que podemos tomar pasos concretos para aprender a incrementar la felicidad, o adiestrarnos para desarrollar las condiciones apropiadas para lograrlo. El trabajo con un abanico de personas –desde estudiantes hasta profesionales, niños y ancianos, personas que sufren de depresión, trabajadores e individuos hospitalizados– arroja resultados estimulantes acerca de ese proceso, En algunos casos se han hecho pruebas siguiendo simple estrategias cuyo fin es fomentar la felicidad.

Podemos comenzar dando pasos pequeños: Ejercitando actividades altruistas, que bien pueden ser acciones modestas, tan sencillo como ayudando a un desconocido a cruzar la calle, dejándole saber a alguien cuánto le apreciamos, compartiendo con una amiga que necesita apoyo, sonriéndole al camarero que te prepara el desayuno.

Se estima que establecer conexiones interpersonales es una actividad clave para desarrollar y mantener la felicidad. El encierro social a causa de la pandemia ha provocado una crisis; es esencial reconectar y disfrutar plenamente los encuentros y actividades positivas. La mayoría de nosotros queremos el cariño y apoyo de nuestros amigos.

El secreto para lograrlo es actuar con generosidad, preocuparnos por el bienestar del otro, apoyar a los que lo necesiten; y hacerlo de manera desprendida, sin esperar algo a cambio. Conducirnos impulsados por el compromiso con la compasión: siendo altruistas en nuestras interacciones personales. Por lo general, esa manera de actuar genera una respuesta positiva.

Y recuerda sonreír: a la vida, a los seres queridos, a los desconocidos… que son nuestros vecinos en este planeta, hogar de todos. Con el cual también debemos proceder de manera compasiva.

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