Emelina: el sabor de una Cuba imaginada

Osmel González, Álvaro Pérez Miranda y Camila Salazar en la cocina abierta de Emelina en West Palm Beach

¿Qué hubiese sido de la cocina cubana si sus chefs hubiesen tenido libertad? Emelina imaginó la respuesta y se convirtió en el primer restaurante cubano del mundo con una estrella Michelin.

Emelina era elegante. De esas mujeres que siempre estaban arregladas, sin importar demasiado la ocasión. Osmel González recuerda su belleza, su manera de presentarse, esa distinción que él asocia con la Cuba de antaño. «Mi abuela era una mujer muy hermosa, muy bonita, siempre elegante, siempre bien arregladita. Cuando pienso en mi abuela, pienso en la mujer cubana de esa época, bella, siempre peinada y maquillada, siempre con ese glamour». Osmel vivió con ella en Cuba desde la adolescencia hasta poco antes de mudarse a Miami. La familia había construido su casa sobre la de Emelina y entre los dos se creó una relación especial. Todos decían que él era el nieto favorito.

Pero esta no es la historia del chef que aprendió a cocinar mirando a su abuela. «Mi abuela cocinaba, era buena cocinera, pero mi historia no es la historia clásica del nieto que aprende a cocinar de la abuela», aclara. El nombre llegaría mucho después, cuando Osmel, su esposa Camila Salazar y el restaurateur Álvaro Pérez Miranda se encontraron frente a un pequeño local en West Palm Beach tratando de decidir qué historia querían contar. Pensaron en una Cuba hermosa, elegante, con glamour; una Cuba que Osmel conoce más por los recuerdos de quienes vinieron antes que por los suyos. «Esa Cuba yo no la viví, porque en la época mía ya la isla no era así. Pero nuestros abuelos, bisabuelos tuvieron la dicha de vivir esa Cuba». Y de ahí salió Emelina.

Dos chefs, un mismo camino

Álvaro Pérez Miranda explica el restaurante con una pregunta: «¿Qué hubiese sido de la comida cubana si los chefs hubiesen tenido la libertad de viajar, de tener influencias con otras técnicas?». Osmel, de alguna manera, había hecho justamente eso: salir, viajar y aprender de otras cocinas. Llegó de Cuba a Miami a los 22 años. Al principio pensó en estudiar finanzas, mientras aprendía inglés y trabajaba en lo que apareciera. Montó un pequeño catering con su hermano y la experiencia le hizo entender dos cosas: quería cocinar y todavía tenía muchísimo que aprender. Cerró el negocio y entró al Miami Culinary Institute. De allí pasó al Matador Room de Jean-Georges Vongerichten y comenzó un recorrido que lo llevaría a España, con experiencias en Disfrutar en Barcelona y La Botica de Matapozuelos; y más tarde a California, donde trabajó en SingleThread y pasó de line cook a sous chef. En el camino aprendió nuevas técnicas y una manera distinta de trabajar con las temporadas, los productores y el origen de cada ingrediente.

Camila llegó a la cocina por otro camino. Nacida en Colombia, estudiaba Derecho en Bogotá y llevaba cerca de tres años de carrera cuando el estrés le provocó un colapso muscular. Dejó de caminar y necesitaba ayuda hasta para comer. Tuvo que aplazar los estudios y regresar a vivir con sus padres mientras se recuperaba. Durante las terapias empezó a cocinar y a ver programas de cocina. Seis meses después, les anunció que quería cambiar de carrera. La decisión la llevó finalmente a Miami, donde llegó a los 24 años para un entrenamiento en el hotel The Miami Beach EDITION. Allí conoció a Osmel.

Ella cuenta el comienzo de la relación sin demasiadas vueltas: «Yo solo lo miré y él cogió la mirada como una invitación». Osmel empezó a llevarle comida y a ofrecerse para llevarla a casa. Camila insistía en que tenía su bicicleta abajo; él encontraba la manera de meterla en el carro. Lo que comenzó en aquella cocina se convirtió en un amor de los buenos y creció entre años de trabajo, viajes y aprendizaje. Camila también pasó por Disfrutar y La Botica en España y por SingleThread en California, donde trabajó como chef de partie. Más adelante asumió un puesto como Purchasing and Sustainability Manager para un grupo de hospitalidad y tuvo que aprender de compras, costos, logística, sostenibilidad y operación. «Yo en mi vida había visto un P&L», recuerda. «Tú puedes ser el mejor chef del mundo, pero si tú no sabes de negocios, olvídate».

Osmel González y Camila Salazar emplatando en la cocina de Emelina

En California también nació su primera hija. Sin familia cerca que pudiera ayudarlos, Camila y Osmel organizaron sus horarios para que siempre uno de los dos estuviera con ella: Camila trabajaba desde las cuatro de la mañana hasta el mediodía y Osmel entraba a la una y se quedaba hasta el cierre. Esa dinámica fue una de las razones por las que regresaron a Miami en 2022, esta vez cerca de la familia. Abrir un restaurante, sin embargo, no estaba en los planes iniciales de la pareja.

De EntreNos a la primera estrella Michelin

De regreso en Miami, Osmel no encontraba una cocina en la que quisiera trabajar y un día decidió: «¿Sabes qué? Me voy a crear mi propio trabajo». Así nació EntreNos, no de un plan para conquistar una estrella Michelin, sino de las ganas de tener un espacio propio donde pudieran cocinar con libertad y, como dice Osmel, «pagar los biles». «No era nada que se estaba pensando para ganar la estrella ni nada por el estilo. Solamente queríamos independizarnos, pagar las cuentas y no trabajarle a otra persona».

El pop-up abrió en 2023 dentro de un café de Miami y fue creciendo poco a poco. Dos comensales se convirtieron en tres; tres, en cuatro. Durante EntreNos nació Noah, el segundo hijo de la pareja, y para Osmel esa etapa también guarda uno de los recuerdos más duros. «Todo el mundo ve la parte bonita en la que nos ganamos estrellas, pero el trabajo que se hizo detrás de todo eso fue muy, muy grande, y los sacrificios». Noah nació y, al día siguiente, Osmel tuvo que volver al restaurante y seguir trabajando. Durante un tiempo su rutina fue del trabajo al hospital y del hospital al trabajo. «Yo no vine a conectar con Noah hasta que cerramos EntreNos», reconoce.

En abril de 2024, llegó la estrella Michelin. Ni siquiera ellos entendían cómo los inspectores habían encontrado aquel pop-up dentro de un café. Camila recuerda que un día Osmel le dijo: «Yo creo que hoy vino Michelin». Ella todavía se hace la misma pregunta: «¿Cómo llegaron hasta ahí? No tengo la menor idea. Hoy en día me sigo preguntando: ¿cómo se les ocurre ir? Es un pop-up en un café». Un año después recibieron también la Michelin Green Star por su trabajo de sostenibilidad. EntreNos cerró definitivamente en julio de 2025. Para entonces, uno de sus comensales recurrentes estaba a punto de convertirse en parte de la historia.

El hombre del teléfono

Álvaro Pérez Miranda llegó a EntreNos como cualquier otro comensal. En su primera visita quedó tan impresionado que terminó pidiéndole a la mesera el número del chef. Osmel se negó. «No, ¿qué es eso? Que reserve como todos los demás», recuerda Osmel. Y el número nunca se lo dio. Meses después se encontraron en la gala de Michelin donde EntreNos recibió su estrella. «Yo no tenía ni idea de quién era él», recuerda Osmel. «En la gala de Michelin fue donde lo vimos y dijimos: ‘Mira quién era el que me pidió el teléfono’». Esta vez sí conversaron. Ya no eran chef y comensal, sino dos profesionales de la industria que empezaron a descubrir puntos en común.

La trayectoria de Álvaro era muy distinta. Nacido en Venezuela, es restaurateur y marchante de arte. Vivió 15 años en Tokio y ha supervisado más de 70 proyectos gastronómicos a lo largo de su carrera. En Miami, esa experiencia se traduce hoy en tres restaurantes: Hiyakawa, recomendado por la Guía Michelin; Ogawa, distinguido con una estrella; y Midorie.

En 2023, el gobierno japonés lo nombró Goodwill Ambassador for Japanese Cuisine, el primer latino en Estados Unidos en recibir la distinción. Él lo resume de otra manera: «Yo soy productor de experiencias culinarias».

Álvaro Pérez Miranda, restaurateur y socio de Emelina, en el comedor del restaurante

Cuando EntreNos cerró, Osmel volvió a pensar en el hombre del teléfono. Estaba en casa con Camila cuando le dijo: «Cami, ¿te acuerdas de Álvaro? Yo creo que le voy a escribir, a ver si está interesado en unirse a nosotros». Osmel y Camila sabían cocinar, tenían ideas y ya conocían las exigencias de operar un restaurante reconocido por Michelin. También sabían que necesitaban otras herramientas. «Queríamos buscar a alguien con experiencia, que nos pudiera traer las herramientas que nosotros no teníamos». Los tres se sentaron en Suite Habana Café para hablar de lo que podían hacer juntos. Osmel y Camila llegaron con dos conceptos en mente: ninguno era Emelina.

En esos días a Álvaro le ofrecieron un local en West Palm Beach para que abriera un restaurante japonés. Osmel y Camila estaban en España; él, en Japón, cuando los llamó para darles la noticia: «Mira, conseguí un sitio, pero no es en Miami», recuerda Álvaro. Al ver el local, las dos ideas anteriores dejaron de tener sentido. «Los conceptos te los da el espacio», dice Camila. «El espacio es el que te habla y te dice qué es lo que hay». Y en aquel restaurante la respuesta fue clara: «Aquí no cabe ninguna de las ideas que conversamos, nos toca crear algo completamente nuevo».

Una Cuba elegante, con mirada japonesa

El nuevo concepto terminó llevando el nombre de la abuela de Osmel y la idea de aquella Cuba que él no había vivido. Emelina llegó, además, antes de lo previsto. Osmel y Camila imaginaban que el fine dining sería una etapa para después de los 40. Sentían que todavía les quedaba mucho por aprender antes de asumir un proyecto de esa envergadura. Incluso contemplaban regresar a Europa, pero el local les cambió los planes.

Mientras ellos trabajaban una cocina alrededor de esa Cuba elegante que Osmel recordaba a través de otros, Álvaro aportaba una mirada formada durante sus años en Japón con principios como omotenashi —la hospitalidad sin esperar nada a cambio— y komakai, la atención minuciosa al detalle.

La sociedad comenzó con un acto de confianza: Álvaro cerró el acuerdo sin haber degustado lo que Osmel y Camila iban a cocinar. «Cerramos el negocio y dijimos se llamará: ‘Emelina’. Y eso fue cuando yo todavía no había probado nada de lo que íbamos a servir». Mientras los chefs trabajaban en el menú, él comenzó con el espacio: el arte, las paredes, los detalles. Hasta que Osmel le sirvió una minuta.

Álvaro todavía recuerda ese primer plato. «Yo voy a restaurantes todo el tiempo, y he ido a restaurantes que tienen estrella Michelin que no me recuerdo lo que he comido. Y cuando tú no te acuerdas de lo que estás comiendo, ya no está bueno». Con la minuta ocurrió lo contrario: «Lo probé y me tocó el corazón». Ese día miró a Osmel y le dijo: «Guau, Osmel, a este restaurante le van a dar una estrella Michelin».

Emelina abrió oficialmente el 3 de febrero de 2026 y el menú comenzó a responder aquella pregunta. La cocina parte de sabores y recuerdos cubanos y los cruza con técnicas, ingredientes e influencias que sus creadores fueron recogiendo en otros lugares. En el menú pueden aparecer ostras locales pochadas con espuma de yuca y polvo de hongos; carne madurada de un productor local con mojo de mango verde y salsa de frijoles negros; o un rabo encendido llevado a otro registro. La cocina cubana sigue ahí, lo que cambia es hasta dónde deciden llevarla.

El restaurante es íntimo, con solo 16 asientos frente a una cocina abierta, y también refleja las distintas miradas de sus tres propietarios. «Cada uno tiene su responsabilidad, pero las decisiones las tomamos en conjunto», explica Álvaro. Hay algo más que, según él, ayuda: «Osmel y Camila son obsesivos, al igual que yo. Entonces el balance, yo creo, viene en la obsesividad».

Esa atención al detalle también llega al servicio. En España, recuerda Camila, aprendieron una filosofía que aplican especialmente cuando alguien llega solo: «Para nosotros todos los solo diners son potenciales inspectores Michelin». No porque cada comensal solitario pueda ser un inspector, sino por algo más básico: «Una persona que va sola a comer es una persona que está teniendo una relación con la comida cien por ciento. Entonces su experiencia tiene que ser soigné, siempre perfecta».

El primer restaurante cubano del mundo con estrella Michelin

Con Emelina sabían que Michelin podía aparecerse en cualquier momento. Lo que no sabían era cuándo. La pista llegó después, en la propia reseña de la guía, que mencionaba una preparación de tomates que había permanecido muy poco tiempo en el menú. Para ellos, aquello indicaba que los inspectores probablemente habían estado allí durante las primeras semanas. El 28 de mayo de 2026, menos de cuatro meses después de abrir, Emelina recibió su primera estrella Michelin y se convirtió en el primer restaurante cubano del mundo en alcanzar esa distinción. Álvaro había acertado con aquella minuta.

Tres trayectorias distintas terminaron encontrándose alrededor de una misma idea: imaginar hasta dónde podía llegar la cocina cubana.

Los chefs Osmel González y Camila Salazar.

El sueño: una escuela de cocina en una Cuba libre

Pero la Cuba que imaginan en Emelina no termina en la mesa. Para Osmel, también tiene que ver con lo que algún día podría construirse en la isla cuando esta sea libre. Cuando habla de lo que quisiera hacer en el futuro en el país que lo vio nacer, no empieza por otra estrella ni por otro restaurante: «Cuando nosotros hablamos de lo que queremos hacer en una Cuba libre, casi nunca hablamos de restaurantes, hablamos de la oportunidad de crear allí una escuela de cocina». Después de años de aprendizaje en Miami, España y California, y de experiencias como EntreNos y ahora Emelina, él imagina la posibilidad de compartir ese conocimiento con una nueva generación. «No queremos crear las nuevas generaciones de chefs de estrella Michelin, lo que queremos es crear la conciencia en el cubano de que todo el mundo debería saber cocinar».

Piensa en una escuela donde jóvenes talentos puedan conocer mejor los ingredientes, aprender a alimentarse y a descubrir qué más pueden hacer con aquello que siempre han tenido cerca. Y ahí, casi sin buscarlo, la historia vuelve al punto de partida: a mirar lo conocido de otra manera.

Para cerrar, Osmel pone un ejemplo: «La idea es compartir enseñanzas y que puedan aprender que con este mango que tenemos aquí toda la vida, podemos hacer muchas más cosas de las que conocemos». Ese es el sueño.

Fotografía lifestyle: Manuel Hernández (@manuelhphoto). Asistente de producción: Abisai Hernández (@captain_bond9). Coordinación: Bertha M. Moreno (@berthammoreno). Fotografía gastronómica: James Jackman, cortesía de Emelina Restaurant.

Este artículo forma parte de la edición Orgullo Hispano 2026 de S Revista.

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