
Hay proyectos que nacen de un plan de negocios y otros que comienzan con una simple conversación entre amigos, como The Hungry Post. José Loor, Alejandra Cangas y Andrea Becerra entendieron que hablar de restaurantes podía ser apenas el comienzo. Desde Miami, transformaron una plataforma gastronómica en un ecosistema donde contenido, hospitalidad, experiencias y comunidad se encuentran alrededor de una misma mesa.
Estos tres amigos crearon la plataforma, en 2012, con la intención de reunir a personas que —como ellos— disfrutaban descubrir restaurantes, compartir recomendaciones y, sobre todo, hacerlo en compañía.
La idea comenzó como un proyecto editorial que, con el tiempo, se convirtió en algo mucho más amplio: una marca que actualmente combina contenido gastronómico, eventos, alianzas y experiencias de comunidad. La propia compañía resume su origen con una frase que continúa definiendo su identidad: «Tres amigos. Tres estómagos. Un propósito». Lo interesante, sin embargo, no es solamente lo que construyeron, sino cómo tres perfiles diferentes consiguieron complementarse.
José Loor: convertir las ideas en experiencias

Para Loor, nacido en Ecuador, la gastronomía siempre ha estado ligada a la posibilidad de crear encuentros; estudió International Studies y Economics y, posteriormente, obtuvo un máster en Entertainment Management en la University of Miami. Dentro de The Hungry Post, su perfil se ha desarrollado alrededor de las operaciones y la construcción de alianzas que permiten convertir conceptos en experiencias reales.
La página oficial de la plataforma lo define como su Maestro de Operaciones, una descripción que confirma que detrás de los restaurantes, eventos y colaboraciones existe una considerable estructura de negociación, producción y ejecución.
Su trabajo también ha acompañado la transformación de The Hungry Post desde un medio gastronómico hacia una plataforma experiencial. En publicaciones recientes, ha destacado precisamente el vínculo de la marca con la industria de alimentos y bebidas de Miami y la importancia de reconocer a las personas que la hacen posible.
Alejandra Cangas: la estrategia detrás del crecimiento

Cangas es venezolana y analiza cómo una buena idea puede convertirse en una estructura sostenible y escalable; desarrolló en Babson College una carrera vinculada a la estrategia, el marketing y el crecimiento. Su perfil público la describe como una estratega enfocada en crecimiento digital, en monetización y evolución de negocios.
En The Hungry Post, su trabajo ha estado relacionado con mercadeo, desarrollo comercial, alianzas y expansión. Esa combinación resulta importante en una compañía cuyo negocio ya no depende únicamente de publicar contenido, sino que también trabaja con restaurantes, marcas y socios para crear experiencias que conectan a distintas audiencias con la gastronomía.
La evolución reciente de la empresa muestra que esa visión estratégica es clave: la compañía ha señalado como prioridades la expansión hacia nuevos mercados, el crecimiento de su programa de membresía y el desarrollo de nuevas experiencias de contenido y eventos.
Andrea Becerra: darle una voz a la marca

Andrea Becerra ocupa el territorio de las historias; es colombiana criada en Miami, estudió Marketing en Bentley University y cursó un máster en NYU. Se convirtió en una de las principales arquitectas de la voz editorial de The Hungry Post. La página oficial de la compañía la identifica como Managing Editor.
En los primeros años, Becerra fue un pilar importante para construir el lenguaje de la marca. Su enfoque convirtió la recomendación gastronómica en una conversación cultural: restaurantes, chefs, barrios, tendencias y, sobre todo, las personas que hacen posible la experiencia. Ese tono bilingüe y cercano —una mezcla natural de inglés y español— terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad de The Hungry Post.
Su trabajo tiene como columna que detrás de cada restaurante hay personas, historias y relaciones que merecen ser contadas. Por eso The Hungry Post nunca se limitó a funcionar como una guía gastronómica, sino que su contenido busca explicar la cultura que rodea a la comida y presentar los lugares desde una perspectiva más humana.
Tres perfiles, una misma visión: The Hungry Post
La fortaleza de The Hungry Post parece estar precisamente en esa división natural de responsabilidades. Loor entiende cómo hacer que una idea suceda, Cangas entiende cómo hacerla crecer y Becerra entiende cómo contarla. Pero los tres comparten una misma misión: la gastronomía tiene un valor que va mucho más allá del plato.
Esa filosofía de negocio explica la transformación de The Hungry Post porque lo que comenzó como contenido, terminó convirtiéndose en eventos que generaron comunidad y abrió la puerta a nuevas alianzas y mercados.
Esa evolución se refleja incluso en las experiencias que la marca desarrolla con socios como Mastercard: la serie Sit at the Bar, que comenzó en Miami, se ha extendido a Chicago y a Los Ángeles, combinando restaurantes, chefs, historias y encuentros íntimos alrededor de la gastronomía.
La comunidad deja de ser una metáfora
En 2024, The Hungry Post presentó Los Socios del Hungry Post, un programa de membresía dirigido a sus seguidores más comprometidos. El proyecto fue concebido alrededor de acceso a eventos, encuentros exclusivos, beneficios y recomendaciones personalizadas. Su primera convocatoria contempló 100 miembros fundadores.
La creación de Los Socios es especialmente significativa porque representa un cambio de escala: la comunidad deja de ser únicamente una audiencia y pasa a convertirse en un producto propio de la marca. La compañía selecciona un espacio, desarrolla un concepto, construye una narrativa, trabaja con restaurantes y marcas, convoca a su audiencia y transforma el encuentro en contenido.
Una idea que nació en Miami
Más de una década después de aquel primer proyecto, The Hungry Post continúa teniendo a Miami como parte esencial de su identidad. Loor, Cangas y Becerra pertenecen a una generación de empresarios hispanos que encontró en La Ciudad del Sol un territorio donde la cultura, la gastronomía y los negocios podían enlazarse de manera orgánica.
Esta tríada ha construido una voz que prioriza la vivencia porque, para ellos, no se trata solamente de determinar qué restaurante merece atención, sino de explicar por qué un lugar importa, qué historia existe detrás de él y qué tipo de experiencia puede encontrar allí el lector.
Su gran acierto fue entender que las personas no buscaban únicamente saber dónde comer, sino que querían saber qué estaba pasando, quién estaba detrás de cada lugar y con quién podían compartirlo.
Esa intuición terminó definiendo la marca: tres amigos, tres talentos complementarios y una idea que comenzó alrededor de la comida para terminar hablando, en realidad, de algo mucho más universal: la necesidad de encontrarnos alrededor de una mesa.
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