
La música ha sido, a lo largo de la historia, un medio esencial para expresar y comunicar ideas, reflejando las sociedades a través de los siglos. En la rica tradición musical cubana, los tambores batá, originarios de la lengua yoruba de Nigeria, establecen un vínculo profundo entre el ser humano y sus deidades, integrando creencias y costumbres estrechamente ligadas a estos instrumentos. En este contexto cultural surge Brenda Navarrete, una destacada cantante, percusionista, compositora y bailarina cubana, que ha transformado la forma en que se percibe el tambor batá, fusionándolo con géneros contemporáneos y rompiendo barreras culturales y de género.
Desde temprana edad, Brenda sintió una conexión especial con la percusión. «Desde los ocho años, tuve claro que mi vida estaba ligada al tambor. Esa conexión entre mano y parche me parecía mágica», recuerda. Su pasión la llevó a estudiar en la Escuela Elemental de Música Manuel Saumell y, más tarde, en el Conservatorio de Música Amadeo Roldán, donde perfeccionó sus habilidades como instrumentista y educadora.
El tambor batá, con su carga espiritual y filosófica, marcó su camino. «El tambor batá es más que música; es filosofía, psicología y energía. Me transformó y me dio una forma de vida». Tradicionalmente, este instrumento estaba reservado a los hombres, especialmente en ceremonias religiosas. Brenda decidió desafiar esta norma: «No me detuve ante el tabú de que las mujeres no podían tocar el tambor batá. Mi pasión era más fuerte que cualquier tradición». En 2010, logró reconocimiento internacional al ganar el primer premio en la categoría de tambores batá durante la prestigiosa Fiesta del Tambor en Cuba, siendo además galardonada por su destacada interpretación femenina.

Brenda se ha dado a conocer a escala global por su capacidad de fusionar los tambores afrocubanos con géneros diversos. «Amo fusionar los tambores afrocubanos con funk, gospel, hip-hop y reggae. Para mí, la música no tiene límites ni fronteras». Esta diversidad musical ha llevado su arte a escenarios globales, demostrando que la tradición puede coexistir con la modernidad.
En la actualidad, está trabajando en una trilogía de cantos afrocubanos, donde cada pieza está dedicada a un orisha diferente. Hace varios meses, lanzó su sencillo «Iyalodde», una canción que rinde homenaje a Ógun, deidad yoruba con la que se identifica espiritualmente. «»Iyalodde» es una palabra que significa «reina» en lengua yoruba… es como un abrazo a la cultura y a la feminidad». El próximo lanzamiento estará dedicado a Obbatalá, el orisha de la tranquilidad y la paz. «Obbatalá me transmite siempre esa sensación en mis momentos de desespero», comentó.

Comprometida con la preservación cultural, Brenda dedica gran parte de su tiempo a enseñar a las nuevas generaciones sobre la riqueza de la música cubana. «Todo comenzó hace algunos años cuando vi que los jóvenes cubanos desconocían la riqueza de nuestra música ancestral; decidí enseñarles de dónde venimos». A través de talleres con niños y adolescentes, utiliza el tambor como herramienta educativa para conectar a los jóvenes con sus raíces. «He trabajado con niños de todas las edades, usando el tambor como herramienta para enseñar cultura y conexión». Sin embargo, también reconoce la evolución de la música contemporánea: «El reggaetón y el rap son evoluciones de la música cubana, que no debemos descartar, pero considero que debemos mostrarles a los jóvenes las raíces de estos ritmos».
Entre sus mayores influencias se encuentra la legendaria Celia Cruz, conocida como La Guarachera de Cuba, a quien Brenda considera como su «madrina espiritual». Recientemente tuvo el honor de participar en un evento benéfico que conmemoró el centenario de esta icónica figura de la música latina. Durante la velada, organizada por la Fundación Cultural Latin Grammy, Brenda compartió escenario con destacados artistas de la música tropical, como Ivy Queen, Tito Nieves, Albita y Gente de Zona, quienes ofrecieron presentaciones extraordinarias en homenaje al legado de Celia Cruz. «Celia Cruz es mi madrina espiritual. Crecí imitándola, soñando con su energía y su impacto, así que fue un súper honor para mí participar en este espectacular concierto», añade con orgullo y gratitud.
Con estos proyectos, Brenda Navarrete reafirma su compromiso con la preservación y difusión de la cultura yoruba a través de su música, creando experiencias auditivas y visuales únicas que conectan lo ancestral con lo contemporáneo.
Fotos: cortesía de Brenda Navarrete


