Reportaje Especial: La entronización de Carlos III

miembros de la familia real trabajadora en la sala del trono

Una mañana tormentosa fue el marco para la entronización de Carlos III. Aunque el monarca había expresado el deseo de que fuera un evento mucho más sencillo que el de Isabel II, en 1953; se impuso la pompa que los británicos manejan de maravilla. Resaltó la presencia de 6,000 miembros de las Fuerzas Armadas Reales.

Con puntualidad típica, a las 10:20 a.m. la carroza del jubileo de diamante, bajo la protección de la escolta del rey, se encaminó con Carlos y Camila rumbo a la abadía de Westminster. La ceremonia –eminentemente religiosa, acorde al papel central del monarca como “protector de la fe” en la iglesia anglicana– dio inicio tras la bienvenida por parte del adolescente Samuel Strachan, corista de la Capilla Real: “en nombre del rey de reyes”. Carlos III respondió: “En su nombre y siguiendo su ejemplo, no vengo a ser servido, sino a servir”. El “llamado a servir” fue tema central de la coronación, repitiéndose durante las próximas dos horas en las que Justin Welby, arzobispo Canterbury, fungió como maestro de ceremonia.

coronacion del rey carlos iii

El príncipe Carlos Felipe Arturo Jorge nació en el palacio de Buckingham el 14 de noviembre de 1948 a las 9:14 p.m., bajo el signo de Escorpio. Contaba tres años en 1952 cuando, tras la muerte de su abuelo, el rey Jorge VI, su madre ascendió al trono para convertirse en la soberana más longeva en la historia de Gran Bretaña. De inmediato él pasó a ser príncipe heredero –título que ostentó por siete décadas–; primero con ese rango en recibir un diploma universitario.

En 1969, Isabel II lo invistió príncipe de Gales durante una ceremonia en el castillo de Caernaton, en el condado Gwynedd, en el norte de Gales. En 2017, se convirtió en el príncipe de Gales con más años de servicio. El 6 de mayo de 2023, a los 74 años, fue entronizado el soberano de edad más avanzada en la historia de Gran Bretaña.

En medio de la sobriedad, fueron contados –y bienvenidos– los momentos que se escaparon del programa cuidadosamente coreografiado. Ellos humanizaron la ocasión. Cuando William, el príncipe de Gales, tras hincarse de rodillas para jurarle lealtad al rey, se levantó y rompiendo con el rigor protocolar, besó la mejilla paterna. La presencia del príncipe Luis, hijo menor de los príncipes de Gales, siempre ofrece la posibilidad de algo inesperado, y no falló en esta ocasión. Su bostezo, producto de puro aburrimiento, fue capturado por cámaras alrededor del mundo. No obstante, primó la tradición, trasladándonos del siglo XXI al medioevo.

Hubo participaciones que rompieron con lo establecido en las 39 coronaciones previas. En diferentes momentos, ambas la espada del estado –forjada para Carlos II en 1678– y la espada enjoyada de la ofrenda –usada por primera vez en 1821 para la entronización de Jorge IV–, fueron portadas desfundadas y apuntando hacia arriba por la parlamentaria Penny Mordaunt. Es la primera vez que una mujer lo hace, demostrando fortaleza y control. También resaltó la participación de líderes religiosos no cristianos, entre ellos judíos, budistas, musulmanes, hindúes y sijs.

el rey carlos iii y camila en la sala del trono

El Aleluya, compuesto por Debbie Wisemam, interpretado al estilo gospel por ocho miembros del Ascension Choir –quienes en 2018 participaron en la boda del príncipe Harry y Meghan Markle–, vestidos de blanco ondularon al ritmo de la música, brindando un espacio de sensual contemporaneidad dentro de la solemnidad anacrónica que predominó.

cresta de la familia real

La lucha a favor del medio ambiente es una de las principales actividades con las que asociamos a Carlos III. Entre las muchas participaciones destaca el discurso en 2021 ante la cumbre climática en Glasgow, cuando dijo que el cambio climático constituye una “amenaza existencial al punto de que tenemos que ponernos en lo que podría llamarse una situación de guerra”. Sus actividades abarcan desde buscar maneras para contrarrestar los efectos por la emisión de gases nocivos; la instalación de paneles solares, hasta la creación de la comunidad de Pounbury en el condado de Cornualles. Esta comunidad, que se inició en 1993, ha sido construida según un plan maestro, principios de arquitectura y sostenibilidad recomendados por el entonces príncipe de Gales. Actualmente, en ella viven aproximadamente 4,600 personas.

Dado que como monarca, se espera que no exprese opiniones, su activismo no podrá continuar de la misma manera. Sin embargo, su compromiso con el medio ambiente fue evidente en detalles relacionados a la ceremonia. Los arreglos florales para la coronación –donde se vieron 120 variedades de flores procedentes de las cuatro naciones que comprenden el Reino Unido: Inglaterra, Irlanda del Note, Escocia y Gales–, fueron hechos usando técnicas sostenibles; sin plástico ni espuma floral. Favorecedor del reciclaje y la sostenibilidad, Carlos III usó vestimentas que otros reyes ya habían usado anteriormente: Jorge IV (1821), Jorge V (1911), Jorge VI (1937) e Isabel II (1953).

Al concluir la ceremonia, Carlos III y Camila –coronada reina consorte– emergieron de la abadía con las pesadas coronas ceñidas: Carlos, habiendo reemplazado la corona de San Eduardo –que solo se usa durante la coronación– por la imperial del estado y Camila, con la de la reina Mary –“ajustada” para la ocasión con cambio de diamantes, entre ellos el controversial Koh-i-Noor, por los Culligan III, IV y V–.

Bajo un torrencial aguacero el carruaje de oro, que data del reinado de Jorge II (1760), los llevó de regreso al palacio de Buckingham seguidos por lo que se conoce como el cortejo de coronación, un imponente desfile de carruajes y fuerzas armadas cabalgando detrás de los flamantes reyes.

Acorde a la tradición, los monarcas salieron al balcón de palacio acompañados por la familia inmediata de ambos, excepto el príncipe Harry que no fue invitado a aparecer con ellos –y quien tras 28 horas en Londres, regresó a California para reunirse con su esposa e hijos–. Rompiendo con el orden de sucesión, durante la ceremonia Harry fue exiliado a la tercera fila, detrás del emplumado sombrero de su tía, la princesa Ana, y apartado de su familia inmediata. Sonrientes, los reyes saludaron a las miles de personas que, bajo la lluvia, les ovacionaron.

Fotos: Hugo Burnand/Royal Household

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