
El mundo de la música latina está de luto tras la repentina pérdida de Rubby Pérez, una de las voces más emblemáticas y únicas del merengue. Roberto Antonio Pérez Herrera —Rubby—, apodado así por su abuela que decía que era su rubí negro, nació el 8 de marzo de 1956 en Bajos de Haina, República Dominicana, y dedicó su vida a llevar alegría y ritmo a millones de corazones en América Latina y otras latitudes.
“La joya de Haina” era un niño inquieto y extrovertido y dio sus primeros pasos musicales cantando el famoso tema El toro y la luna en su colegio, donde lo aplaudían sus compañeros y profesores, pero fue cuando participó en el coro de la iglesia en la que su padre, Francisco Pérez, era pastor donde cantó por primera vez ante un nutrido grupo de personas.
Para Rubby, la pasión por el merengue lo unía con su público: «es un viaje hacia lo sublime y lo imaginario que nos hace vibrar y nos llena de energía». Paradójicamente, en su infancia la música no fue su primera pasión, sino que por circunstancias del destino se convirtió en la vocación que le dio una nueva esperanza para vivir. Desde pequeño su ilusión era lograr una carrera en el béisbol profesional, pero ese sueño se vio truncado a sus 15 años cuando fue atropellado por un vehículo que le dejó secuelas permanentes en su pierna izquierda, terminando con todos sus sueños de ser un gran pelotero de las Grandes Ligas.
Durante más de un año estuvo internado en la cama 13 del Hospital Docente Universitario Traumatológico Dr. Darío Contreras, en Santo Domingo, donde comenzó su historia de superación y resiliencia y reafirmó su amor por la música. Desde su habitación entonaba canciones del cantautor dominicano Fausto Rey a pedido de otros pacientes. El cantante reconoció: «Dios tenía otro propósito para mí y ese era que, en vez de tener un bate en la mano, tuviera un micrófono para comunicar y transmitir a la gente mi alegría, mi positivismo, mi deseo de seguir adelante sin importar lo que sucediera».
Rubby tuvo que aprender a caminar y a hablar de nuevo, y aunque entró en un cuadro depresivo bastante fuerte e incluso intentó acabar con su vida, el amor tan grande que sentía por su abuela lo impulsó a comenzar de nuevo. «Pensé que ya no tenía razón de existir», manifestó en una entrevista. Le dieron unas muletas por falta de recursos en el hospital; le costó dominarlas y hasta se cayó varias veces, incluso se golpeó la boca y la cara, pero esto no lo detuvo hasta lograr su recuperación. La rehabilitación fue un proceso largo y difícil; fueron casi tres años de lucha para volver a caminar por sus propios medios. Su abuela, quien lo crió, fue su gran ejemplo y fortaleza.
Aún con muletas se trasladó de Santo Domingo a su pueblo natal y entró al coro del Club de Jóvenes de la Sociedad de Orientación Juvenil de la iglesia católica en Haina. De allí pasó al coro del Conservatorio Nacional de Santo Domingo, donde estudió canto y aprendió a tocar el piano y la guitarra. Rubby no quería cantar merengue, sino boleros, pero, una vez más, el destino tenía preparado para él otro camino. Su primera gran hazaña fue cuando participó en un festival y ganó como premio una botella de whisky y unos pocos pesos.
Su carrera musical continuó en agrupaciones locales como Los Juveniles de Baní y Los Hijos del Rey antes de unirse a Fernando Villalona. Luego pasó a ser el cantante principal de la prestigiosa orquesta del maestro Wilfrido Vargas en los años 80, donde brilló con su talento vocal y carisma interpretando éxitos como El Africano y Volveré.
En 1987, decidió comenzar su trayectoria como solista y se consolidó con temas inolvidables como Buscando tus besos, Dame veneno, Fiesta para dos, Hazme olvidar, Color de rosa, entre muchos otros. Rubby fue catalogado como la voz más alta del merengue por su potencia vocal, gran carisma y capacidad para conectar con su público. Su música, mezcla de ritmos caribeños y letras apasionadas, se convirtió en la banda sonora de innumerables celebraciones en Latinoamérica.
El merengue pierde a una de sus joyas más brillantes, pero su voz —la más alta del género— vivirá por siempre en el corazón de su pueblo

Rubby será recordado no solo por su talento, sino también por su constancia, pasión y admirable valor. Superó un accidente que truncó su sueño de ser beisbolista para convertirse en un ícono del merengue. Su vida es un testimonio de perseverancia y amor.
Es aleccionadora su historia de resiliencia. A pesar de tener recursos para colocarse una prótesis, decidió no hacerlo: «sí, claro que pudiera tener una prótesis, hasta hice las diligencias en Estados Unidos, pero decidí que no lo haría porque no quería paralizar mi vida y mis negocios. Ya me demostré a mí mismo, a mi familia y al mundo entero que se puede salir adelante cuando uno tiene el deseo de hacerlo, no necesito más».
Aunque para él «los premios, el amor y la amistad ni se compran, ni se buscan, ni se obligan: llegan y se reciben», fue ampliamente reconocido. El Comité de Partidos Políticos Latinoamericanos en EE.UU. (COPOLA USA) lo distinguió por su colaboración con las víctimas del terremoto en Haití en 2010. Ganó dos veces los Premios Casandra (hoy Premios Soberano) como Orquesta del año y Merengue del año, entregados por Acroarte.
En Venezuela obtuvo discos de oro y platino en 1988 con su primer álbum como solista. Recibió dos Premios Globo como Mejor canción y Álbum del año. Su álbum homónimo Rubby Pérez alcanzó el puesto 15 en la lista Tropical de Billboard y su tema Enamorado de ella fue el número 29 en el Latin Charts.
A lo largo de su carrera dejó 13 álbumes y fue el primer dominicano en cantar con la Filarmónica Latinoamericana de Houston en el concierto Viva Latín América, el 15 de octubre de 2022, otro momento mágico que lo llenó de orgullo.
Lamentablemente, República Dominicana, Latinoamérica y el mundo lloran su partida. Pero celebran su vida, su música, su legado. «No existe un músico que sea tan Rubby Pérez, ni un Rubby Pérez que sea tan músico. Vas a volar por siempre, hijo mío, hijo de esta patria, hijo de todos los pueblos que tuvieron el honor de haberte conocido y el honor de haber escuchado tu voz», dijo Wilfrido Vargas.
¡Gracias, Rubby, por la música, por tu esencia y por los recuerdos!
Fotos: Cortesía del legado de Rubby Pérez


